Jorge Cruz Silva es un periodista y profesor que pasa sus días en aulas universitarias pensando y hablando de los medios, las noticias y la cultura de masas. Fue parte del equipazo de Últimas Noticias entre 2006 y 2010. En Twitter es @eljacso
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lunes 11 de septiembre 2017

Dejemos de ayudar a la dirigencia

Jorge Cruz

¿Cuál es el apuro para que Quinteros salga de la Selección? ¿Se va y le vamos a ganar a Chile en Santiago y a Argentina en Quito? ¿Renuncia y Felipao se convierte en el goleador de la eliminatoria? ¿Si se queda dos partidos más o se va, habrá diferencia? Parece que los directivos de la FEF están apresurados en que el DT boliviano-argentino salga y enseguida puedan hacer una limpia en la Casa de la Selección, en el Atahualpa, pero no en las oficinas de la FEF, no no, ahí no...


Ojo, el técnico no tiene defensa alguna, él tiene culpa por sus decisiones sesgadas en las convocatorias, tibias en la cancha y prepotentes en las ruedas de prensa, alguien que iba a revolucionar la forma de jugar de la Tri y solo lo hacía en amistosos. Él era el capitán del barco y lo hundió. Linda esta metáfora porque nos permite recordar que el Titanic se hundió, según dicen los historiadores, por la vanidad de su capitán, alimentada por los dueños del White Star Line que querían que su trasatlántico saliera en todos los periódicos. Eso sí, al final el capitán se sumergió con su barco y con los miles de fallecidos, y los poderosos y adinerados a bordo, en su mayoría, salieron en los botes salvavidas.


Gustavo Quinteros, que será uno de los monigotes más quemados en Nochevieja, se ha convertido en un globo que los dirigentes inflan, inflan, inflan hasta que en lugar de hacer ¡pum! se vuelve tan grande que cubre todo lo que se pone detrás de él. Los periodistas y los hinchas estamos contribuyendo con el engaño. Los dirigentes quieren mostrarse como líderes de mano dura que piensan en los intereses de la patria que quiere ir al Mundial. Ellos tienen el perfecto chivo expiatorio, no necesitan otro culpable. De labios para afuera dicen que la culpa también es de ellos, pero en unos meses los veremos terciando de nuevo en las elecciones de la Ecuafútbol. Ellos saben que si toda la atención se va contra Quinteros, ese nombre será recordado con desazón y desprecio, no así los Villacís, De la Torre, etc.

La matemática nos dice que es posible clasificar, la lógica y sobre todo el fútbol mostrado indica lo contrario. No nos dejemos engañar, dejemos de ayudar a la dirigencia, no señalemos todos a Quinteros como el responsable y le cerremos la puerta en la nariz, si lo hacemos que no esté solo. La mala situación del fútbol ecuatoriano va más allá de los goles que faltaron y los que nos anotaron; mientras nuestro deporte y sus clubes estén sumidos en terribles deudas, mientras existan problemas de registro y edad de los juveniles, mientras las agresiones de los hinchas en los estadios permanezcan, no llegar al mundial debería ser el menor de nuestros problemas.

Quinteros debe irse, pero tomando de la mano a la dirigencia que ha permitido que no podamos avanzar; y esto no quiere decir jugar mundiales, quiere decir jugadores pagados a tiempo, clubes sin problemas económicos y canchas seguras a las que podamos llevar a nuestros hijos y familia. El éxito no puede estar marcado solo por jugar en Rusia. La dirigencia quiere golpear la mesa y cambiar las cosas, que lo haga, pero quizá no deberían iniciar con Quinteros sino entre ellos, “apelamos a su sensibilidad”.