Espacio carente de orden táctico y estrategia. "¡Ñeque tapa todo!" decía el 'profe' de educación física en el colegio y desde entonces la frase se quedo como principio. Hablando de fútbol desde que el nuevo siglo empezó, pero solo hablando...
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lunes 15 de mayo 2017

El diagnóstico del Patón

Diego Valencia
Opinión (O)
Twitter: @dvalenciavela

El goleador Hernán Barcos es de lo poco rescatable de la versión Liga 2017. Su jerarquía se nota en cada partido, resuelva o no en el arco contrario; su sola presencia en la nómina previa de cada partido ya es motivo de preocupación para el DT y la defensa rivales. Pero lamentablemente el juego es un colectivo cuyo color, en el caso del equipo ‘albo’, se ha tornado más pálido de lo que es: es el color de la vergüenza.


Bochorno tras bochorno, ha puesto en muy mal predicamento a los directivos, jugadores, cuerpo técnico e hinchas del otrora Campeón de América, que ahora viven sus horas más tristes.

Muchos especulan con “la falta de unión en el grupo”, otros se animan a señalar a Esteban Paz como “un gran fracasado” en su responsabilidad dentro de la comisión de fútbol y la mayoría señala a varios jugadores que deberían jubilarse.

Pero el mal de Liga de Quito va mucho más allá; luego de su época más gloriosa a finales de la década del 2000, no ha existido renovación y se han repetido las mismas fórmulas. Una sumatoria de errores que ratifica el diagnostico de su mejor médico, el ‘Patón’ Bauza, quien antes de su última despedida como entrenador en el país vaticinó que “en el fútbol lo más complicado es reemplazar la jerarquía”. Y el concepto aplica a todo nivel. Suena triste, pero es cierto. Al parecer, no se pudo renovar ni las ideas ni las personas ni los retos de la entidad.

Atolondrados, así han lucido los directivos; incompetentes, así se muestran los diferentes directores técnicos que tratan de dar “el golpe de timón”; desesperados, así están los hinchas. Toda Liga parece un club novato. Y si a esto le aumentamos que este club “no es un equipo de procesos” por la falta de formación de jugadores, lo que ha pasado factura desde hace varias temporadas.

Para terminar este suplicio de opinión, diré que desde la llegada del fracasado Brahian (así creo que se escribe) Alemán, que en la temporada 2016 arribó a Quito como todo un ‘rock star’, ese camerino se llenó de envidias, egoísmos, chismes y egos inflados. “Parece más una peluquería que un camerino”, decía Mourinho cuando dirigía al Real Madrid, allá por el 2010 cuando le fue mal con los galácticos, y esta frase queda bien para describir a los de Ponciano.